jueves, 18 de junio de 2009

Educación y Diversidad Cultural

La rica diversidad cultural de América Latina puede convertirse en potencial de creatividad, crecimiento y desarrollo humano, o en fuente de enormes tensiones sociales. A las políticas públicas, particularmente en educación, les corresponde transformar la diversidad cultural en un factor de entendimiento y no en uno de exclusión social. Éstas dan a la diversidad cultural una connotación ética y pueden convertirla en fuente de pluralismo cultural o de discriminación.
La Oficina Regional de Educación de la UNESCO se ha planteado cómo las políticas educativas en América Latina y el Caribe han enfrentado el tema de la diversidad cultural, particularmente la diversidad étnica y lingüística de los pueblos originarios; cómo pensar políticas educativas orientadas al aprecio de la diversidad cultural y a la construcción de sociedades cada vez más interculturales e inclusivas; cómo puede la educación aprovechar la riqueza de la diversidad cultural para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje y contribuir a un desarrollo humano más pleno; y cómo convertir la diversidad cultural en fuente de entendimiento, de pluralismo y de cohesión social.
Estas inquietudes han dado origen a investigaciones y publicaciones que aportan al conocimiento de la influencia de los procesos culturales para mejorar los aprendizajes escolares y las políticas educativas. El concepto de "pertinencia" cultural de los aprendizajes se ha incorporado como una dimensión clave para entender la calidad de la educación y evaluar los avances del Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe (PRELAC).
La Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (2001) sintetiza un esfuerzo que la UNESCO ha venido haciendo desde el Informe Pérez de Cuéllar (“Nuestra Diversidad Creativa”) y el Informe Delors (“La Educación encierra un Tesoro”) en función de resignificar el concepto de desarrollo desde la perspectiva de la cultura. El modelo de desarrollo prevaleciente ha fracturado la convivencia social, por lo que se requiere una ética global comprometida con el pluralismo(Informe Pérez de Cuéllar) o una utopía que nos guíe hacia una mayor solidaridad sobre la base de la aceptación de las diferencias espirituales y culturales (Informe Delors).
No obstante, la diversidad no es siempre garantía de buena convivencia. A veces se convierte en amenaza, y puede originar tensiones de indescifrable dolor cuando las diferencias se resuelven por la vía del fundamentalismo o del racismo, o cuando son utilizadas como excusa para la intolerancia y la discriminación.
Sin embargo, la diversidad también puede convertirse en fuente de intercambio, de innovación y de creatividad humana. Para ello se hace indispensable intencionar –a través de la educación- la voluntad de convivir bien entre personas y grupos con identidades culturales variadas y dinámicas. “La educación debe asumir la difícil tarea -dice el Informe Delors- de transformar la diversidad en un factor positivo de entendimiento mutuo entre los individuos y grupos humanos”. “La riqueza cultural del mundo reside en su diversidad dialogante”, sostiene el Informe Pérez de Cuéllar. De este modo, la diversidad cultural se transforma para la UNESCO en un enfoque que impregna gran parte de su pensamiento sobre educación.
El patrimonio cultural es la fuente de nuestra identidad y el sello que nos distingue como nación. Lo componen los bienes que nuestros antepasados han valorado y conservado en el tiempo. Conocer nuestro patrimonio nos ayuda a desarrollar una conciencia más aguda acerca de nuestras raíces y nos permite comprender la riqueza de otros pueblos y culturas. El respeto al patrimonio es la puerta al diálogo intercultural.
Uno de los papeles de la educación es asegurar la comprensión de los códigos de pertenencia para establecer, sin riesgos de confusiones desestabilizadoras, los necesarios diálogos con otras culturas. Por esta razón, es de suma importancia generar en niños y jóvenes aprendizajes que valoren su patrimonio cultural. Esto permite la contextualización cultural de los currículos escolares, lo que los hace más pertinentes, y mejoran los resultados académicos y la equidad de los aprendizajes al ofrecer a los sectores populares procesos educativos que se originan en la valoración de su cultura.
Además, trabajar con el patrimonio cultural posibilita la integración de la comunidad en los procesos de aprendizaje escolar, factor de éxito reconocido en la mayoría de las innovaciones educativas de la región.
El Informe Delors publicado por la UNESCO señala que “la educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres humanos”. Por tanto, se requiere una enseñanza que muestre la riqueza de la diversidad para poder valorar, a su vez, la unidad y la solidaridad humana.
Se necesita una política educativa que favorezca la inclusión y la participación de todos, y que transforme la diversidad de los grupos humanos en fuente de pluralismo y no de discriminación cultural.
Los programas educativos dirigidos a las poblaciones indígenas pueden utilizar tres tipos de enfoques:
a) Quienes consideran que la cultura de los grupos vulnerables es deficiente y por tanto su cultura se convierte en una traba para los aprendizajes y su posterior inserción social, por lo que hay que intentar asimilarlos a la cultura hegemónica (enfoque asimilacionista).
b) Quienes reconocen las diferencias culturales de procedencia de los alumnos, las respetan y reivindican el carácter multicultural de la escuela, pero no establecen puentes ni relaciones entre los estudiantes de diferentes culturas (enfoque multiculturalista).
c) Quienes reconocen las diferencias culturales como riqueza legítima, como derecho humano y motor de cambio, más que como obstáculo o factor de división (enfoque intercultural).
Hacemos nuestro este último enfoque que plantea la construcción de una convivencia culturalmente pluralista, basada en el respeto a la propia identidad y a la legitimidad del otro.
La educación es un bien público y un derecho humano fundamental. Gracias a ella, nos desarrollamos como personas y es posible que las sociedades avancen. El derecho internacional consagra a la educación el pleno desarrollo de las personas, el fortalecimiento del respeto a los derechos, libertades fundamentales y la identidad cultural, además de la comprensión, la tolerancia y la amistad entre las naciones y grupos étnicos o religiosos.
El pleno ejercicio del derecho a la educación exige que ésta sea de calidad y que asegure el desarrollo y aprendizaje de todos. Esto debe realizarse a través de una educación relevante y pertinente para personas de diferentes contextos y culturas, con diferentes capacidades e intereses. Para lograr este objetivo, la educación debe guiarse por los principios de no discriminación, igualdad de oportunidades e inclusión, valorando las diferencias, fundamento de sociedades más justas y democráticas.
La Oficina Regional de Educación, junto con las demás representaciones de la Organización en América Latina y el Caribe, mantiene vivas estas preocupaciones, implementando nuevas líneas de acción, programas de capacitación, materiales educativos, investigaciones y evaluaciones, diseño de políticas y asesorías, orientados a mejorar la calidad de los aprendizajes de niños, niñas y jóvenes, especialmente de aquellos que viven en situación de mayor vulnerabilidad.

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